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Los editores siempre se corren cuando alguien les propone relatos. Por eso, lo que no es mitología sólo es ciencia-fricción. San José de la Rinconada, Invierno del La actividad sexual de los hombres no es necesariamente erótica. Lo es cada vez que no es rudimentaria, que no es simplemente animal. Tal como se lo había pedido, él no dejaba de repetir que nunca la olvidaría y que siempre se acordaría de ella. En las películas basta una mirada o una tenue insinuación, para que dos desconocidos terminen haciendo el amor en un elevador o en cualquier pensión de mala muerte.

Especialmente desde que corrió el rumor de que sólo soy un casto anciano que enloqueció de amor, cuando su novia murió atropellada antes de entrar a la cafetería. No sé cómo empezó todo, pero he terminado convertido en una leyenda urbana y sentimental. Mejor, porque en realidad me excita que me rebañen con la mirada, que fantaseen con mi vida y que me regalen sus poemas guarros. Le molestaba que su marido le pidiera que se abrochara los botones del escote. Sin embargo, un día sorprendió a un compañero de trabajo escudriñando entre sus senos y al mismo tiempo comprendió que los clientes sólo le hablaban a sus pechos.

Y la primera vez que se lo quitó al llegar al trabajo, sus botones dejaron de ser invisibles. Nos conocimos en una de esas aburridas convenciones de la empresa. Sin embargo, nadie me ha mirado antes así, con esa intensidad y aquel deseo conmovedor.

En cada una de las sesiones yo era capaz de percibir los latidos de su presencia y el torrente de su respiración. Fueron sólo unos fragmentos de sensual eternidad, pero todo era tan claro, tan explícito y tan verdadero Cuando escuchó la voz de mi marido cerró su puerta, pero entró en mis pensamientos para siempre.

En un bolso escondido entre las toallas lo encontré. Era un fajo amarillento de cartas de un ex-novio de mi esposa, que sinceramente no esperaba que ella conservara después de tantos años de casados. Leyendo las cartas deduje que ambos estaban de acuerdo en que la suya era una relación que no pasaba del plano sexual, e incluso él admitía que si no hubiera sido por las cosas que hacían y cómo las hacían, seguro que no habrían convivido ni seis meses juntos.

Guardé las cartas donde estaban y seguí empollando novelas, guiones y los manuscritos de los alumnos de mis talleres. Ese tipo tenía razón: El día que me apachurró contra sus tetas perfumadas, no me importó que el regalo que me trajo fuera repetido. Desde entonces sólo quiero que me apachurre otra vez.

Sin embargo, hace veinte años yo creía que ella ni me miraba y que simplemente era inalcanzable. Sabiéndose irresistible me dijo que tal vez fuera mejor así, reencontrarse de golpe con toda la experiencia de la edad, de la vida y del amor.

Yo no le había preguntado nada, pero él quería que lo supiera todo. En realidad el aspecto de la señora me desconcertó: Era menuda y a la vez talludita, tenía el pelo recogido y las uñas cortadas, la cara lavada y una mirada penetrante que no era posible sostener mucho tiempo. Noté que también le causé cierto estupor, ya que Juan Carlos y yo debíamos tener la misma edad; pero demostró bastante paciencia al soportar mis peroratas acerca de los métodos de estudio, el horario de trabajo en casa y los puntajes de las evaluaciones semanales.

Traté de decirle que el examen estaba cerca, que sólo era un sacrificio temporal y que cualquier privación estaba justificada con tal de ingresar a la universidad, pero ella replicó que no estaba de acuerdo con ese argumento, ya que Juan Carlos apenas tenía dieciocho años y todo el tiempo del mundo para estudiar una carrera, al margen de que la universidad no era nada del otro jueves y que la vida tiene enseñanzas irreemplazables que los libros no pueden proporcionar.

Cuando hablaba lo hacía con una melancólica certeza que le daba a sus ojos marrones un brillo de miel. No era bonita, pero algo había en su delgadez, en su hablar sereno y en las manos aéreas que me llamaba muchísimo la atención.

Juan Carlos tenía del padre unos rasgos bragados y angulosos que hechizaban a las chicas de la clase, mas su forma de mirar y esa conversación pausada y gestual -no menos atractivas que su rostro- pertenecían sin duda a la madre, esa señora que hablaba y hablaba como si tratara de hipnotizarme.

Era muy difícil rebatir sus razones, pero era preciso intentarlo. Le hice ver que Juan Carlos era un gran chico y que a mí me parecía inteligente, a pesar de que casi todos los profesores de la academia lo veían como un bacancito y un vago redomado. Me puse a mí mismo como ejemplo para demostrarle que se podía tener dieciocho años y dedicar las noches del fin de semana a leer o estudiar, pero cometí el error de ridiculizar a su institución.

Picado por su fina ironía decidí responder a lo bestia: Le dije que a lo mejor estaba equivocado y que reconocía no tener vela en ese entierro, pero que me metía porque Juan Carlos vivía escindido entre dos mundos separados por un conflicto materno-paterno que amenazaba su ingreso a la universidad.

Ella se había quedado con la misma mueca a lo largo de todo el rollo, y para mi desesperación mantuvo ese gesto de burlón estupor durante unos segundos que me parecieron interminables. Responder esas preguntas me infundió el aplomo que había perdido, porque en mi fatuidad me sentía satisfecho enumerando lo que yo creía que eran mis méritos.

Cada una de esas promesas hizo refulgir de malicia su traviesa mirada, y esperó a que terminara para decirme con calculada puntería: Juan Carlos empezó a mejorar sus puntajes porque en efecto era muy inteligente. La idea era reforzar lo que ya sabía, pues no tenía sentido tratar de meterle en dos meses lo que no había aprendido en cinco años de secundaria. Esa estrategia, enriquecida con precisos consejos para resolver ciertos problemas de geometría y razonamiento numérico, fueron suficientes para tener expectativas reales en su ingreso a la universidad.

Hubo una época en la que me gustaba recorrer los baños cuando terminaban las clases, esperando encontrar alguna apócrifa declaración de amor que fuera como un soplo misterioso en mi monótona existencia.

A Juan Carlos nunca le escribieron nada parecido y las chicas le dispensaban una pasión incondicional: Si Juan Carlos ingresaba se la iba a pasar de lo lindo en la universidad, pero a su madre la mataría de aburrimiento. Con el tiempo las sesiones de estudio se abreviaron y las horas sueltas pasaron a engrosar la charla de las sobremesas.

Una vez se lo tomó a broma y nos hizo un chiste bíblico a la hora de despedirse: O me dices Pilar o te vas a tu casa. Me contó que el divorcio le había dado algunas certezas sobre su profesión, el matrimonio y la familia, pero que tenía ciertas dudas que tal vez nunca serían aclaradas. En lugar de novia, esposa o pareja ella había sido compañera, camarada y colega, durante una época en la que el dogmatismo y la militancia crearon prejuicios tan falaces como los de la derecha: Sin embargo, al final descubrió que la redentora dictadura del proletariado estaba reservada sólo a los hombres, quienes querían una sociedad sin clases pero no una sociedad sin sexos.

Casi todas sus amigas estaban como ella, separadas, mientras que los consecuentes ex-maridos andaban por ahí procurando ganar en dólares, instalados en el sistema, bien casados por segunda vez con jovencitas de buena familia y declarando que siempre creyeron en la democracia.

Hoy en día me pregunto hasta qué punto no me he traicionado a mí misma. Con su padre fue igual: A los catorce años uno cree que los chanchos vuelan. Me sacó la vuelta tres veces.

Yo me quería casar con ella y que ella fuera la primera mujer para mí. Me gustaría hacerlo cuando me case. Aquella primera experiencia fue demasiado vertiginosa para recordar algo coherente: Pilar me decía que todo aquello era maravilloso comparado con la angustia de haber embarazado a la enamorada o la indiferencia -no exonerada de repugnancia- que implica pagarle a una prostituta. No obstante, le confesé mi enfado conmigo mismo por no haber sabido mantener una promesa que me había propuesto hacía mucho tiempo: Diferente sería que yo me hubiera dado la gran vida y que después exigiera que mi esposa fuera una casta paloma.

Eso sí es una soberana conchudez. Las vírgenes sólo existen en las estampitas. Pilar volvía a mirarme como si hubiera dicho algo gracioso o digno de risa, y esa sensación me molestaba y me abochornaba. Mientras hacíamos el amor no dejó de reírse y por algunos instantes llegué a tener la certeza de que se burlaba de mí, de mi bisoñez, de mi inexperiencia. Ella admitió que tal vez su conducta no había sido la mejor, pero negó cualquier mala intención.

Me dijo que nunca había iniciado a un hombre en el sexo y que esa estimulante sensación reservada a las putas y a las inexpertas le había parecido muy placentera, pero también muy cómica. En un esfuerzo de memoria recordó su primera vez, y se acordó que aquel hombre también se reía mucho mientras ella se moría de vergüenza. La alzaba y la volteaba, la penetraba y la obligaba a lamerlo sin dejar de reírse.

Sí, la suya había sido una experiencia terrible comparada con la mía. Le contesté que ella no estaba en mi pellejo y que no podía saber con certeza qué había sentido, pero me interrumpió para decirme que después de la primera vez a ella se le quitaron las ganas de volver a hacer el amor en mucho tiempo, y que en cambio, yo no iba a dejarla tranquila de ahí en adelante.

Quise rebelarme contra esa inexorable admonición, pero volvió a someterme con la mirada y me acarició las ingles sabiendo que ese tacto surtiría el efecto de una revolución en mi cuerpo. De pronto me tapó la boca y me dijo que tratara de dominarme, que me iba a sobrar el tiempo y que pusiera atención en lo que iba a pedirme.

Ella no suplicaba ni ordenaba, pero tenía una manera irresistible de reclamar las cosas con los ojos. Me obligó a estar quieto escuchando cómo sus latidos se emperezaban poco a poco y sentí que la encrucijada de sus muslos se relajaba y dejaba de aprisionarme.

Desenredamos nuestras piernas y un penetrante olor a almizcle se esparció por la habitación, mientras Pilar me volvía a acariciar en la ingle y enterraba su boca en mi oído para decirme que la perdonara, para preguntarme que por qué con ella y para exclamar que no era justo.

Quise responderle y me volvió a tapar la boca, ahora con un beso, a la vez que recorría mi cuerpo con sus dedos livianos y veloces. Llegué a creer que algo grave había ocurrido y traté de preguntar qué era, pero uno de sus senos cayó dentro de mi boca y me volvió a dejar sin habla.

Escuché que desde mi pelo desordenado me decía que tuviera cuidado, que yo no sabía lo que era desear a una mujer con desesperación y que no estropeara lo que habíamos hecho. Yo recordaba sueños en los cuales me deslizaba sobre las redondeces de anónimos cuerpos femeninos, mas sin llegar a besarlos o penetrarlos. Ella me acarició con los dedos melosos y me condujo al baño, donde nos lavamos y jugamos desnudos y me dejó tocarle los pechos y palparle las nalgas.

Yo estaba como en estado de gracia, pues no había nada que temer: Pilar se puso una enorme camisa blanca que era de Juan Carlos, y observó recostada en el marco de la puerta cómo me ponía los pantalones, el polo y las zapatillas. Llevaba desabrochados los botones y me gustó su aspecto de hada informal, con los senos visibles y el pubis rizado.

Me acompañó hasta la puerta y traté de besarla, pero esquivó mis labios y me dio nuevas órdenes: Todo el mundo me dijo -en mi casa, en la universidad y en la academia- que estaba como distinto, diferente, y que con el nuevo peinado hasta la mirada me había cambiado. Yo me divertía pensando que por primera vez se fijaban en mí una serie de chicas que antes ni siquiera me hablaban y llegué a creer que en verdad ya no era el mismo de antes.

A cualquier hora del día me asaltaban unas erecciones feroces y tenía que hacerme el loco o simplemente contorsionarme para no quedar en evidencia. Mis amigos bromeaban a menudo acerca del furor sexual que supuestamente le sobreviene a las chicas después de hacer el amor por primera vez, pero nunca me hablaron de los estertores genitales que nos atacan a los hombres en circunstancias similares.

El lunes creía que todas las mujeres del mundo ya me eran indiferentes, pero el miércoles me hubiera abalanzado sobre la primera que me hiciera un guiño a la entrada, a la salida o al recreo. La academia se convirtió en una suerte de tortura, ya que perdí la noción de la identidad de las alumnas para concentrarme solamente en un par de piernas, algunas camisas desabotonadas, varios tobillos longilíneos, cientos de blue jeans que se contoneaban seductores y unos ojos glaucos que me recordaron los de Pilar en mi cama, Pilar en mi mano, Pilar en mis labios, Pilar en mis sueños.

El viernes le dije a Juan Carlos que se fuera preparando para las clases particulares del día siguiente, pero me respondió que tenía una fiesta y que había decidido no repasar ese día.

Pilar me había pedido que no la llamara, pero yo estaba desesperado. Si Juan Carlos se iba a la fiesta ya no tendría excusa para ir a su casa; por lo tanto, si ella quería estar conmigo tenía que prohibirle ir a divertirse. No lo pensé dos veces y cogí el teléfono. Es que hoy Juan Carlos me ha dicho que mañana no vamos a estudiar. Sus palabras resonaron en mi mente durante horas: Ese había sido mi problema de toda la vida.

Pero con Pilar era distinto porque creía haberle demostrado que la quería mucho. Yo me moría de ganas de volver a estar con ella, pero Pilar no parecía tener el mismo interés.

Cuando llegué a su casa me recibió con una sonrisa y un beso en la mejilla. Me hallaba tan perplejo que no me atreví a preguntar adónde íbamos. Creyendo que lo hacía a propósito alargué mi izquierda hacia sus muslos y me soltó de golpe el consabido reproche: A la altura del bolsillo derecho de mi pantalón comenzó a formarse una mancha de humedad, y crucé las piernas para que Pilar no se diera cuenta.

De pronto frenó y estacionó el coche: Sin embargo, Pilar se burlaba de ellos por lo bajo y me demostraba burlona cómo todos estaban vestidos igualitos: De refilón miraba a Pilar y la veía sumergida en los problemas existenciales de los protagonistas, procesando sus tribulaciones y ridiculizando a mis profesores y compañeros de la Católica.

En la pantalla unos cuerpos sudorosos jadeaban enroscados sobre una alfombra y vi cómo se estrechaban las manos, la tierna tensión de sus nervios, el delicado temblor de los dedos y el azulado color de sus venas. Entonces recosté mi cabeza en su hombro y la sentí, la sentí entre el murmullo de otros cuerpos que también se buscaban en la oscuridad del cine. Ponerse a comer implicaba perder como mínimo un par de horas, y al final era menos tiempo para estar juntos.

Con una timidez no exenta de aplomo me atreví a decir que por mí preferiría ir directamente a su casa, pero Pilar ya estaba cuadrando el carro de nuevo y me preguntó si me gustaban las anchoas, porque íbamos a comer una grande de jamón con anchoas.

La comida transcurrió en un profundo silencio, acaso provocado por el hambre de Pilar y mi impaciencia. La esfera del reloj estaba simbolizada en cada uno de los trozos de pizza, pero mientras yo devoraba un pedazo de quince minutos en un abrir y cerrar de ojos, Pilar dividía sus porciones de cuarto de hora en diminutas e interminables raciones de cinco minutos.

Al final quedó un solitario triangulito que Pilar dejó pendiente mientras se fumaba un cigarro. Sobre una rosada loncha de jamón se extendía un pimiento asado de gruesos morrones, en cuyo centro se situaba acanalada y labial una prieta anchoa que adiviné jugosa y salada. Mis urgencias empezaban a causarme sensuales alucinaciones. Si yo fuera profesora de la Católica y me vieran con un alumno me botarían en dos papazos del sistema universitario. Le pasó hace dos años a una amiga mía. En cambio, los profesores pueden pasearse de arriba para abajo con las alumnas y no les pasa nada.

Si eres hombre lo tienes todo, pero a las mujeres no nos permiten lo mismo. Pero te lo tengo que plantear así para que me entiendas. Si voy al cine contigo es porque me da la gana y no tengo necesidad de demostrarle nada a nadie. Lo mejor que puedo hacer por ti es explicarte ciertas cosas que de otro modo nunca entenderías.

Ahora él es un gran profesor, gracias a ti. Como compañera yo no lo adulaba sino que le exigía, lo cuadraba y muchas veces hasta lo puteaba. Ahora te puede parecer un tipo gracioso, pero hace quince años era insoportable: Por eso se aburrió de mí: Al regresar, ya no sabía orientarse en la realidad y, para recuperar la razón, necesitaba buscarla en los sueños. Decidió acampar en tierra firme y quedarse a esperar la mañana con su tripulación de cincuenta españoles.

Nunca la vio llegar. Una avanzada de guerreros querandíes lo atacó antes del amanecer y le desgarró el sueño a lanzazos. A mediados del siglo XX, el esplendor de Buenos Aires cortaba el aliento. Parte de esa belleza todavía se conserva. Los turistas se detienen en los innumerables cafés de la avenida de Mayo y de la calle Corrientes.

Es costumbre suprimir de la historia los hechos que contradicen las ideas oficiales sobre la grandeza del país. El tango, que había declinado en las décadas de los setenta y ochenta, ha renacido entre los jóvenes.

La ciudad sigue siendo majestuosa a partir de las segundas y terceras plantas, pero sus ruinas son visibles a la altura del suelo, como si las riquezas del pasado hubieran quedado suspendidas en lo alto y se negaran a bajar o a desaparecer. En algunos lugares se baila los miércoles de una a tres de la madrugada; en otros, los viernes de once a cuatro. La telaraña de los nombres añade confusión a la liturgia. Algunos aficionados se citan, por ejemplo, en el Parakultural, pero lo llaman Sociedad Helénica.

Si alguien se aventura allí, descubre que ése es tan sólo el nombre del edificio, situado en una calle que para algunos era Canning y para otros Scalabrini Ortiz. Dos de los desvíos conducen a quioscos y baratillos de ropa militar, diarios y revistas usados, plantillas y cordones de zapatos, perfumes de fabricación casera, estampillas, bolsos y billeteras, reproducciones industriales del Guernica y de la Paloma de Picasso, paraguas, medias.

O se detienen en los innumerables cafés de la avenida de Mayo y de la calle Corrientes, en los que nadie retira los pocillos hasta que el cliente no se pone de pie, a la inversa de lo que sucede en Nueva York o París. En pocos lugares se puede escribir novelas con tanta tenacidad como en ésos, donde nadie interrumpe, salvo los mendigos.

De los innumerables palacios que sobrevivieron al pasado, el que prefiero es el que se conoce como Palacio de Aguas, en la avenida de Córdoba entre Riobamba y Ayacucho, cuya construcción se completó en Su estructura barroca fue imaginada por arquitectos belgas, noruegos e ingleses. El diseño exterior es obra de Olaf Boye, un amigo de Ibsen que se reunía todas las tardes con él a jugar al ajedrez en el Gran Café de Cristianía.

Un impetuoso incendio en las casas vecinas se lo impidió cuando le faltaba poco para lograr su propósito. Cincuenta y seis años antes se había consumado allí también un crimen tan atroz que todavía se habla de él en Buenos Aires, donde abundan los crímenes sin castigo.

Acababa de cumplir catorce años y su belleza era famosa desde antes de la adolescencia. Alta, de modales perezosos, tenía unos ojos tornasolados y atónitos que envenenaban al instante con un amor inevitable. La habían pedido muchas veces en matrimonio, pero sus padres consideraban que era digna sólo de un príncipe europeo. Su residencia borbónica, situada en San Isidro, a orillas del río de la Plata, estaba ornada, como el Palacio de Aguas, por cuatro torres revestidas de pizarra y carey.

Eran tan ostentosas que en los días claros se las podía distinguir desde las costas del Uruguay. El 31 de diciembre, poco después de la una de la tarde, Felicitas y sus cuatro hermanas menores se refrescaban en las aguas amarillas del río con unos vestidos tal vez demasiado ligeros, pero explicables por el calor atroz.

Las institutrices de la familia las vigilaban en francés. Eran demasiadas y no conocían las costumbres del país.

.. Planta verbenácea, originaria del Perú, aromática, con propiedades medicinales, que florece durante el verano y el otoño. . Ecuad. y R. Dom. prostituta. 7. (6.) . con caparazón duro de color marrón oscuro, escamoso y áspero al tacto. flores pequeñas y blancas en racimos, y fruto verde, redondo, en forma de cápsula. SENOS: pequeñas de jovencita, pezones marrones, a mi si me gustan las con sus hombros, el culito lo tiene redondo, pequeño pero redondo, y se se le dice al pata que atiende que se viene por las chicas del 4to piso. «Los hombres siempre le miran el sostén a las mujeres», insistía. . Cuando hablaba lo hacía con una melancólica certeza que le daba a sus ojos marrones un brillo de miel. una discusión política que revelaba un compromiso con la realidad peruana. .. blue jean desteñido, bufanda de cuadritos y anteojos redondos.

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Debajo de la piel. No hacerle mella las críticas. De cuero , f. Material sintético fino que se usa en el calzado de mala calidad y en muebles como sustituto del cuero. Ocuparse en las faenas de la cuereada. Temporada en que se preparaban los cueros secos, principalmente vacunos, desde matar y desollar las reses y secar las pieles al sol y al aire, hasta entregarlas al comercio. Acción y efecto de cuerear azotar. Engañar, convencer con falsos rumores. Papel, cartón, barquillo, etc. Capirote cónico de penitentes y disciplinantes.

Del nahua cuculí, enfermo, y miqui, muerto. Del maya chum, calabaza , m. Calabaza usada por los campesinos para llevar agua. Cubilete para mover los dados, generalmente de cuero crudo. Hombre que es homosexual o lo parece por sus gestos o forma de vestir.

Cazo con mango, o cuchara grande, que sirve para repartir ciertos alimentos en la mesa y para ciertos usos culinarios. Corazón de una persona. Herrada con asa hecha de tablas endebles. Recipiente para obtener el hielo en frigoríficos, neveras, etc.

Depresión del terreno ocupada por aguas permanentes o temporales y que constituye una cuenca cerrada. Cuba manual que usaban los aguadores. Depósito de mercurio, en la parte inferior del barómetro, que recibe directamente la presión atmosférica, la cual se marca en un tubo por medio de grados. Del nahua cóatl, serpiente o mellizo , adj. Fruto de esta planta. Dicho de un comestible: Dicho de la fruta: Dicho de un alimento: Dicho de algunas cosas, como la seda, el lienzo, el cuero, etc.: Dicho de un proceso, de un negocio, etc.

Dicho de un color: Parecido al de la seda cruda y al de la lana sin blanquear. Se dice del mineral viscoso que una vez refinado proporciona el petróleo, el asfalto y otros productos. Muy frío y destemplado. Que afecta guapeza y valentía.

Dicho de un extranjerismo: Que no ha sido sometido a adaptación formal. Se dice vulgarmente de los tumores o apostemas que no dan señales de supurar. Cuba, verde inexperto y poco preparado. Que tiene resaca al día siguiente de una borrachera.

De crespo , m. Helecho de frondas que toma forma de bejuco, de dos a tres metros de longitud. En medicina tradicional, la decocción de la raíz y de las hojas se aplica en forma de baños contra inflamaciones, dolor muscular y reumatismo.

Inventar o descubrir la solución a un problema. Del nahua coyotl, adive. Especie de lobo que se cría en México y otros países de América, de color gris amarillento y del tamaño de un perro mastín. La madera se utiliza en ebanistería. De cortar , adj. Que se dedica a cosechar el grano de café. Su carne es blanca y comestible. Arroz tostado que queda pegado en el fondo de la olla al cocerlo. Concha de tortuga y de otros animales. Piel gruesa de algunos animales, como el cocodrilo.

Correr en varias direcciones dentro de limitado espacio por juego o diversión. Andar de calle en calle o de casa en casa. Hacer un recorrido por los negocios de uno o varios ramos para realizar ventas o para conseguir pedidos de compra.

De corretear , f. Acción y efecto de corretear perseguir. Dicho de una persona o de un animal: De corral y el nahua mecatl, mecate o soga , m. De coca 6 , adj. Que consume drogas, en especial, cocaína. Tronco O tablón que se pone de una orilla a otra de un río o quebrada para cruzar por él. Línea de piedras que se pone en el fondo de los ríos de poca profundidad, para pasar de un lado a otro sin mojarse.

Sahumar algo o a alguien con copal, generalmente en un ritual. La decocción de la corteza se usa en la medicina tradicional. Reunión concertada para tratar un tema. Que gusta de ser cuidada y mimada. Que es utilizada por otra o por otras para que haga los trabajos que nadie quiere hacer. Te cogieron de conga. Pequeño y muy gordo. Integrante de las comparsas del carnaval de Barranquilla, que se caracteriza por llevar un sombrero alto de colores. Pez de agua dulce, de boca grande, mandíbula inferior ligeramente salida, de color plateado a dorado amarillo, con una banda lateral negra discontinua y otra banda oblicua.

Cerdo de hocico, cuello y patas cortas que no crece mucho y engorda hasta que la obesidad le impide caminar. Ganar alguien la comida con el sudor de su frente. Tener horror a la comida. Alimento que se toma al mediodía o primeras horas de la tarde. La comida duró tres horas.

Tardar dos horas en cada comida. Reunión de personas para almorzar. El lunes tenemos una comida, comida de pescado, f. La que se produce de forma industrial y estandarizada para su consumo inmediato, cambiar la fr.

Inflexión que toman algunos cuerpos sólidos cuando se encorvan; como los maderos, las barras, etc. Juego de niños que consiste en saltar por encima de una cuerda que se hace pasar por debajo de los pies y sobre la cabeza de quien salta. Columpiar el cuerpo al andar, contonearse. No desaprovechar ninguna ocasión favorable. Conjunto de personas procedentes de un territorio que van a otro para establecerse en él.

Territorio o lugar donde se establecen estas personas. Territorio fuera de la nación que lo hizo suyo, y ordinariamente regido por leyes especiales. Territorio dominado y administrado por una potencia extranjera. Conjunto de los naturales de un país, región o provincia que habitan en otro territorio.

Colonia asturiana en Madrid. Grupo de viviendas semejantes o construidas con una idea urbanística de conjunto. Residencia veraniega para vacaciones infantiles, generalmente en el campo o en la playa. Ha mandado a sus hijos a una colonia de verano. Grupo de animales de una misma especie que conviven en un territorio limitado. En una ciudad, barrio cada una de las zonas en que se divide.

Persona de pelo rizado. Dejarle esperando o ya preparado para algo, como una fiesta u otra invitación. Del nahua colotlitzin, cuernecillo. Conjunto de pelo de una persona o animal, relativamente largo y muy rizado. Colosseo, el famoso anfiteatro de Roma , m.

Recinto cerrado para algunos juegos deportivos. Fuego de artificio que consta de un canuto resistente cargado de pólvora y adherido al extremo de una varilla ligera. Artefacto que se mueve en el espacio por propulsión a chorro y que se puede emplear como arma de guerra o como instrumento de investigación científica. Proyectil empleado principalmente contra la caballería y que consistía en un tubo de hierro con carga explosiva y una cola de madera. El que arroja muchas chispas. El que da muchos truenos, al loc.

Parte posterior y prominente de la articulación del brazo con el antebrazo. Medida lineal, que se tomó de la distancia que media desde el codo a la extremidad de la mano.

Parte de una prenda de vestir que cubre el codo. Medida de media vara, equivalente a mm. Medida lineal morisca que tenía 32 pulgadas. Medida lineal morisca que tenía 24 pulgadas.

Tomarse demasiadas libertades y actuar con confianza impertinente. Asistir a un moribundo próximo a expirar. Beber con mucho reposo y gusto. Ser tacaño y cicatero. Juntamente, en compañía o cooperación. Dicho de conducir a los presos: Padecer gran necesidad o miseria. Despreciar o rechazar a personas o cosas. Dejando reposar sobre los codos el peso del cuerpo. Ingerir mucho vino u otras bebidas alcohólicas. Estar comprometido activamente en una tarea o empresa.

En la tradición popular, personaje que se nombra para asustar a las personas, en especial a los niños. Del nahua cocotliatl, tórtola de agua, de cocotli, tórtola, y atl, agua , f. Ave columbiforme silvestre de color café, con lista alar blanca prominente y punta blanca y redondeada en la cola.

Voz taina , f. Palo aguzado que los indios tainos usaban en la labranza para abrir hoyos en los conucos. Especie de palo usado para la labranza.

Hablar mal de alguien. Denunciar a alguien ante la autoridad. Buscarle problemas a alguien. Guarnecido o armado con clavos. La actriz ha estado clavada en su papel. Me quedé clavado después de lo que me dijo; no sabía qué hacer. En natación, zambullida vertical. De cipote2 , f. Acción infantil, propia de un cipote niño. Grupo de cipotes niños. Dicho de un niño: Encanijado durante la lactancia.

Dicho de un fruto o de un cereal: Que no ha terminado de madurar. Dicho de una tortilla o de un tamal: Hecho de maíz tierno. Dicho de un grano, generalmente de maíz, frijol o café: Tortilla de maíz hecha con el grano nuevo que ha adquirido consistencia en la mazorca.

Del nahua cihuapatli, remedio femenino , f. La cocción de la hoja se utiliza en la medicina tradicional. Del nahua tzitzimitl, el demonio , m. La madera tiene la apariencia general de caoba, roja oscura o marrón rojiza, es moderadamente dura y pesada y se utiliza para postes, techos y pisos.

Palo armado con un pincho de hierro, que se usa para defenderse y ofender. Barra de hierro cilindrica y puntiaguda, que se usa para abrir los suelos. Masa frita de harina con queso picante y otros condimentos, de tres a cuatro centímetros de largo por uno de ancho. Que no tiene valía, dinero ni educación. Dicho de una prenda de vestir, especialmente de un pantalón o de una falda: Que se le ha cortado el rabo o las plumas de la cola. Que habla y obra con chulería.

Individuo de las clases populares de Madrid, que se distinguía por cierta afectación y guapeza en el traje y en el modo de conducirse. Hombre que ayuda en el matadero al encierro de las reses mayores. Hombre que en las fiestas de toros asiste a los lidiadores y les da garrochones, banderillas, etc. De chueca , adj.

Dicho de una cosa: Del nahua chichomecatl, de chicho, perro, y mecatl, mecate , m. Nombre genérico de cualquier bejuco que por su flexibilidad puede usarse como soga. Raspar una parte o un miembro del cuerpo con un objeto duro o puntiagudo.

Dicho de un gallo de pelea o de una persona: Soldado que se encarga de hacer los toques de la trompeta, de loc. De improviso, de casualidad, de mala suerte. Es nativa desde el sudoeste de México hasta Costa Rica. Caballo malo, ordinario, de poca fuerza. Dulce que se hace de pan frito, o leche cuajada y un almíbar, agarrarse del fr.

Que trabaja en oficios humildes mal remunerados. Vulgar y de bajo estrato social. Fiesta o reunión alegre con ligero desorden. Que le falta una pierna o una oreja. De tez muy morena. De gibar , tr. Cuba, estropear maltratar, deteriorar. Irse de la lengua, decir algo que peijudica a otra persona. Del nahua chilmolli, salsa de chile , m. Dicho de una gallina: Soldado del ejército de Honduras. Miembro del cuerpo de policía. Ave gruiforme de tamaño mediano, variedad del rascón, de plumaje color café y negro con manchas blancas alargadas.

Habita desde el centro de México y las Antillas hasta el sur del Brasil y norte de la Argentina. Esa prenda le queda chiringa.

Despedir, mandar a paseo. En la medicina tradicional, la infusión de las hojas combate las molestias intestinales y respiratorias. Del nahua chiltic, rojo , m. Período menstrual de la mujer. Persona mestiza cuyo color de piel es muy oscuro, tirando a negro. Entre gauchos, mujer persona del sexo femenino.

Descendiente de indio y negra, o de negro e india. De chingar , tr. Cortar el extremo de algo. Cortar parte de la cola a un animal. Rica, cobrar el barato.

Juego de dados en el que ganan las figuras iguales de color negro y pierden las rojas o la combinación de roja y negra. Desnudo o en paños menores. Rica, combinación prenda de vestir. Porción de dinero que se paga al baratero administrador de una casa de juego. Excedente, liquidación, en los pagos finales de la cosecha de café. Cuchillo de trabajo agrícola gastado, que sirve para escarbar, sacar raíces, etc.

Camión constituido por la cabina y una pequeña plataforma que sirve para arrastrar un remolque. Residuo de los granos molidos o quebrados, como los del maíz o del café. Llevar en brazos o a cuestas. Mimar, cuidar con cariño y esmero. Cuidar niños como china niñera. Arrullar, mecer en los brazos. Preocuparse mucho por algo o alguien. De chinaste , tr. Dicho de un gallo: Fecundar a una gallina. Del nahuaxinachtli, semilla de hortaliza , m. Organos sexuales internos de las aves.

Semilla, especialmente la del maíz o la del frijol. Del maya chinac, frijol, y popo, colorado , m. Aguardiente ordinario de caña. Del nahua xima, raspar, afeitarse, labrar piedras , intr. Dicho generalmente del calzado: Rozar, producir roces en la piel. En El Salvador, u.

Ave de los Ictéridos de 21 cm de longitud, de plumaje negro excepto la cabeza, cuello, parte baja del pecho y rabadilla, de color entre amarillo y naranja, que hace su nido en forma de bolsa alargada que cuelga de ramas o alambres, [w] lcterus masomelas[W].

Del nahua chilli, pimiento, y tecpintli, pulga , m. Del nahua chiliic, rojo, y motatl, la piñuela , m. El cogollo o flor tierna se come cocido como legumbre. Juego de naipes entre dos o cuatro personas, especie de pechigonga, sin envites, y también parecido al juego de la cometa. La sota, el caballo y el rey forman chilindrón.

Guiso hecho con trozos de carne de ave, cerdo o cordero, rehogados con tomate, pimiento y otros ingredientes. Del quechua chuica, arbusto de hojas pegajosas , f.

Arbusto resinoso de la familia de las Compuestas, que crece en las faldas de las montañas de todo el continente americano.

Del nahua chilaquilli, metido en salsa de chile , f. Tortilla de maíz con relleno de queso, hierbas y chile. Del nahua chilli, chile, y amatl. La savia lechosa produce ampollas en la piel.

Muchacho pequeño y desmedrado. Del nahua chichic, amargo, y patli. En la medicina tradicional, la corteza cocida en agua se utiliza contra el paludismo y los problemas menstruales.

Persona que se emborracha con mucha frecuencia. Del nahua chichic, amargo, y huautli, bledo , m. Hierba anual centroamericana de hasta dos metros de altura, con tallo muy ramificado, hojas opuestas ovadas y flores azules o blancas.

Se utiliza en medicina tradicional para combatir diversos males. Del nahua chichina, chupar algo o tomar sahumerio de olores con cañas , f. Nativa desde Honduras hasta el Brasil. La semilla en cocción se usa en la medicina tradicional para diversos problemas digestivos. Del nahua chichin, teta , m. Niño o joven, generalmente hijo, familia o conocido.

Residuo de las pellas del cerdo, después de derretida la manteca. Residuo del sebo de la manteca de otros animales. Carne u otra vianda requemada. Persona muy tostada por el sol. Piel del cerdo joven, oreada y frita. Su altura es de unos 11 m y el grueso del tronco de unos 60 cm. Tiene hojas alternas, ovaladas, de color gríseo, flores pequeñas en espigas de diez estambres, sin corola, y fruto comprimido. Fiambré formado por trozos de carne de distintas partes del cerdo, prensado en moldes, dar chicharrón a alguien, fr.

Primoroso, gracioso, bonito, elegante, agradable. Que es distinguida o selecta. En el lenguaje juvenil. Conversación larga sobre temas intrascendentes. Conversación bulliciosa, mezclada con chanzas y burlas. Mandato escrito de pago, para cobrar una cantidad determinada de los fondos que quien lo expide tiene disponibles en un banco. Aquel en cuyo anverso se indica, entre dos líneas diagonales paralelas, el nombre del banquero o sociedad por medio de los cuales ha de hacerse efectivo.

En algunos países bastan, en ciertos casos, las dos líneas diagonales paralelas sin otra indicación. El que extiende un banco u otra entidad a nombre de una persona y va provisto de la firma de esta. Puede hacerse efectivo en un banco o pagarse con él en un establecimiento comercial, hotelero, etc. El que lleva el nombre de la persona autorizada para cobrarlo, cheque, interj.

Copiar a escondidas en un examen. Del nahua celic, cosa verde o tierna , adj. Estar o quedar de acuerdo. Pequeño taller o lugar de trabajo improvisado.

Taller en el que se fabrican zapatos. Regalo que le dan a alguien por haber comprado algo. Fracción o pico de una cantidad. Perteneciente o relativo a estos aldeanos. Recargada de adornos, abigarrada o de mal gusto. Propio del charro jinete. Jinete o caballista que viste traje especial compuesto de chaqueta corta y pantalón ajustado, camisa blanca y sombrero de ala ancha y alta copa cónica. No importar, no recibir la atención que merece. Terreno poblado de matorrales y maleza.

Pelo largo, abundante y desordenado de una persona. Acumulación de grasa, especialmente en el vientre. En lenguaje juvenil, cosa de mala calidad. Carnosidad que cuelga debajo de la garganta de gallos y gallinas. Leña menuda con que se hace el fuego en el campo. Partícula con fuego o ya reducida a ceniza que salta de un cuerpo en llamas. Broma o burla que se convierte en habitual. De chapa, mancha roja en la mejilla , adj. Que tiene las mejillas sonrosadas o con buenos colores.

Lluvia recia de corta duración. Abundancia o muchedumbre de algo. Se dice del individuo de un pueblo amerindio que habitaba el norte de Chile. Persona de modales afectados o pueriles. Carrito que se lleva para cargar las compras. Del nahua chane, pl. Persona que, por conocer bien una región, sirve de guía. En el juego del chingolingo, ayudante del dueño que se encarga de cambiar los dados cuando este va perdiendo.

De comer , tr. Dicho de la carcoma: Dicho de un deber o trabajo: Bebida preparada con base de alcohol. Del nahua chamapan, en la casa , f.

Casucha que sirve de vivienda. Conjunto de ropa de vestir, utensilios de la casa y objetos personales de escaso valor. Collar de pequeños adornos que usan los indígenas. Especie de jade verde. Herida larga y recta hecha con un arma blanca, generalmente un machete. Cicatriz que queda una vez que se ha curado la herida. Del nahua chiachuiil, ciénaga , m. Dicho de dos cosas, especialmente de dos frutas: Hablar en voz alta, insistente y molesta.

Dicho de una chachalaca: Emitir una serie de sonidos y reclamos muy sonoros, generalmente en períodos de apareamiento o cuando van en bandadas.

Escopeta de dos cañones. Parte no disuelta de la ceniza, que quedaba en el cernadero después de echada la lejía sobre la ropa. Aparejo de ceniza y cola para imprimar los lienzos que se han de pintar, especialmente al temple. Cataplasma de ceniza y otros ingredientes, para fortalecer las partes lastimadas de las caballerías.

Agua con ceniza o cal en la que se ha cocido el maíz. Aquello que ciñe o rodea. Aro de cuba, de rueda y de otros objetos. Asedio que pone un ejército, rodeando una plaza o ciudad para combatirla.

Giro o movimiento circular. Figura que trazan en el suelo los hechiceros. En las costas de Galicia, arte de rodeo que consiste en una red de a m de largo por 20 ó 30 de ancho para la pesca de la sardina. Sitiarla o ponerle sitio. Sustancia sólida, blanda, amarillenta y fundible que segregan las abejas para for las celdillas de los panales y que se emplea principalmente para hacer velas.

También la fabrican algunos otros insectos. Sustancia semejante a esta, que se emplea para depilar. Conjunto velas o hachas de cera, que sirven en alguna función. Producto que se usa para abrillantar muebles y suelos. Sustancia muy parecida a la cera elaborada por insectos que la depositan, en algunas plantas, sobre hojas, flores y frutos.

Membrana que rodea la base del pico de algunas aves, como las rapaces, gallinas y palomas. Entre colmeneros, conjunto de las casillas de cera que fabrica: La que, reducida a hojas, se blanquea puesta al sol.

Sustancia dura y porosa, semejante a la cera, que se en del tronco de algunas palmas suramericanas. La de los panales sin miel. La que se extrae de las semillas del arbusto llamado pimientilla. La de los cabos que quedan de velas o cirios. Entre y pabilo, fr.

Reducirle con facilidad a que haga lo que se quiere, hacer, o hacerse, la frs. Dicho de las abejas: Tronco de la vid, del cual brotan los sarmientos, y, por ext. Raíz o principio de algunas cosas, como el de las astas y colas de los animales. Tronco u origen de una familia o linaje. En los arcos y puentes, parte del machón desde que sale de la tierra hasta la imposta.

Planta sarmentosa, muy parecida a la vid. Dicho del viñedo viejo: Cuyas cepas no conservan la alineación y orden con que fueron plantadas, de buena loc. De calidad u origen reconocidos por buenos. Al regresar, ya no sabía orientarse en la realidad y, para recuperar la razón, necesitaba buscarla en los sueños. Decidió acampar en tierra firme y quedarse a esperar la mañana con su tripulación de cincuenta españoles.

Nunca la vio llegar. Una avanzada de guerreros querandíes lo atacó antes del amanecer y le desgarró el sueño a lanzazos. A mediados del siglo XX, el esplendor de Buenos Aires cortaba el aliento. Parte de esa belleza todavía se conserva. Los turistas se detienen en los innumerables cafés de la avenida de Mayo y de la calle Corrientes. Es costumbre suprimir de la historia los hechos que contradicen las ideas oficiales sobre la grandeza del país. El tango, que había declinado en las décadas de los setenta y ochenta, ha renacido entre los jóvenes.

La ciudad sigue siendo majestuosa a partir de las segundas y terceras plantas, pero sus ruinas son visibles a la altura del suelo, como si las riquezas del pasado hubieran quedado suspendidas en lo alto y se negaran a bajar o a desaparecer. En algunos lugares se baila los miércoles de una a tres de la madrugada; en otros, los viernes de once a cuatro. La telaraña de los nombres añade confusión a la liturgia.

Algunos aficionados se citan, por ejemplo, en el Parakultural, pero lo llaman Sociedad Helénica. Si alguien se aventura allí, descubre que ése es tan sólo el nombre del edificio, situado en una calle que para algunos era Canning y para otros Scalabrini Ortiz. Dos de los desvíos conducen a quioscos y baratillos de ropa militar, diarios y revistas usados, plantillas y cordones de zapatos, perfumes de fabricación casera, estampillas, bolsos y billeteras, reproducciones industriales del Guernica y de la Paloma de Picasso, paraguas, medias.

O se detienen en los innumerables cafés de la avenida de Mayo y de la calle Corrientes, en los que nadie retira los pocillos hasta que el cliente no se pone de pie, a la inversa de lo que sucede en Nueva York o París. En pocos lugares se puede escribir novelas con tanta tenacidad como en ésos, donde nadie interrumpe, salvo los mendigos. De los innumerables palacios que sobrevivieron al pasado, el que prefiero es el que se conoce como Palacio de Aguas, en la avenida de Córdoba entre Riobamba y Ayacucho, cuya construcción se completó en Su estructura barroca fue imaginada por arquitectos belgas, noruegos e ingleses.

El diseño exterior es obra de Olaf Boye, un amigo de Ibsen que se reunía todas las tardes con él a jugar al ajedrez en el Gran Café de Cristianía. Un impetuoso incendio en las casas vecinas se lo impidió cuando le faltaba poco para lograr su propósito.

Cincuenta y seis años antes se había consumado allí también un crimen tan atroz que todavía se habla de él en Buenos Aires, donde abundan los crímenes sin castigo. Acababa de cumplir catorce años y su belleza era famosa desde antes de la adolescencia. Alta, de modales perezosos, tenía unos ojos tornasolados y atónitos que envenenaban al instante con un amor inevitable. La habían pedido muchas veces en matrimonio, pero sus padres consideraban que era digna sólo de un príncipe europeo.

Su residencia borbónica, situada en San Isidro, a orillas del río de la Plata, estaba ornada, como el Palacio de Aguas, por cuatro torres revestidas de pizarra y carey. Eran tan ostentosas que en los días claros se las podía distinguir desde las costas del Uruguay. El 31 de diciembre, poco después de la una de la tarde, Felicitas y sus cuatro hermanas menores se refrescaban en las aguas amarillas del río con unos vestidos tal vez demasiado ligeros, pero explicables por el calor atroz.

Las institutrices de la familia las vigilaban en francés. Eran demasiadas y no conocían las costumbres del país.

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